“La revolución no podrá ser tarea de un día, ni de dos, ni de tres”, declaró Fidel Castro pocos días después del triunfo de la Revolución cubana. Era una fría y húmeda madrugada de enero de 1959, en Sancti Spíritus, en el centro de la isla.
Han transcurrido 77 años desde aquellas palabras y la revolución que Castro concebía como un proyecto de largo alcance continúa definiendo buena parte del rumbo político de Cuba. Este 13 de agosto, cuando se cumplen 100 años de su nacimiento, la fecha encuentra a la isla bajo una renovada presión de Washington, con “las constantes amenazas de invasión de la Casa Blanca” y por el “asfixiante” bloqueo energético que enfrenta la isla, según el diario El País.
De hecho, la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) creó en secreto este mes un grupo de trabajo dedicado exclusivamente a Cuba, con el objetivo de intensificar la presión sobre la isla. Meses antes, en mayo, una reunión entre el director de la CIA, John Ratcliffe, y funcionarios cubanos fue presentada como un diálogo sobre asuntos económicos y de seguridad, aunque EE.UU. lo condicionó a “cambios fundamentales” por parte del gobierno cubano.
Mientras tanto, la isla atraviesa una profunda crisis energética desde 2024, con apenas unas horas de electricidad al día. En La Habana, los apagones pueden durar hasta 20 horas, mientras que en otras zonas del país han superado las 48 horas consecutivas.
La falta de electricidad atraviesa todos los aspectos de la vida cotidiana: afecta la preparación y conservación de alimentos, el descanso, el trabajo y el estudio, las comunicaciones y el cuidado de niños, personas mayores o enfermas, además de dificultar una rutina estable. Esta realidad también impacta la salud emocional de la población, con ansiedad, nerviosismo y “desesperanza”: más de la mitad sufre depresión y 65,8% presenta estrés.
En medio de esta situación, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, destacó la “solidaridad, el cariño y la valentía” de quienes se reunieron en la isla para conmemorar los 100 años de una vida dedicada a defender “todas las causas justas”.
En una columna publicada en el diario cubano Granma para conmemorar el centenario de Castro, el periodista Jorge Enrique Jerez Belisario advirtió que “el enemigo externo es real” y apuesta por una guerra multidimensional que incluye “la asfixia económica, las campañas mediáticas, las guerras cognitiva y psicológica” y amenazas militares. Según el columnista, el proceso implica transformar y mantener vivo el legado de Castro: “Recordar a Fidel en el año de su centenario es moldear, con nuestras manos, la obra, su obra, su legado: la Revolución”.
Cuba antes y después de la revolución
En 1959, las fuerzas rebeldes cubanas --de las que formaban parte figuras como Ernesto “Che” Guevara y Camilo Cienfuegos--, derrotaron al régimen de Fulgencio Batista, quien entre 1953 y 1958 había instaurado una dictadura con el respaldo de Estados Unidos y suspendido la Constitución.
Por entonces, algunos sectores consideraban a Cuba como una “neocolonia” marcada por la corrupción, la desigualdad y la dependencia del capital extranjero, mientras La Habana era descrita como un centro de casinos, cabarets y explotación sexual vinculada al capital estadounidense y al crimen organizado.
Tras la Revolución, cuando Castro asumió el poder, Cuba enfrentaba profundas carencias sociales. Según cifras oficiales, más del 20% de la población era analfabeta y el 11,8% estaba desempleada. En las zonas rurales, el 78% de las personas vivía en casas construidas con hojas de palma y el 47% de los agricultores carecía de empleo estable. La desigualdad también se reflejaba en la salud: la mortalidad infantil rural duplicaba la registrada en las ciudades.
En ese contexto, Castro, que había estudiado Derecho, buscaba ampliar los beneficios políticos y económicos a sectores históricamente marginados.
Uno de los cambios fundamentales en las estructuras económicas y sociales fue la reforma agraria, que, según historiadores, transformó la principal actividad económica del país. La industria azucarera pasó de manos privadas y extranjeras al control estatal, mientras se introdujeron cambios laborales que impulsaron el empleo y los salarios.
Cuba y la política exterior durante la Guerra Fría
Durante la Guerra Fría, Cuba se convirtió en uno de los principales aliados de la entonces Unión Soviética, a unos 90 kilómetros de las costas estadounidenses. En 1960, el entonces viceprimer ministro soviético Anastas Mikoyan visitó la isla para estrechar los lazos comerciales, de seguridad y de inteligencia, mientras Castro sostenía que, una vez consolidada la “soberanía nacional”, Cuba podría comerciar tanto con Occidente como con Oriente.
Sin embargo, Estados Unidos comenzó a impulsar acciones para quitar a Castro del poder. Primero, redujo las compras de azúcar, principal producto de exportación cubano. La Habana respondió confiscando activos estadounidenses, incluidas refinerías de petróleo. La situación escaló: en 1960, Washington impuso un embargo comercial, y al año siguiente rompió relaciones diplomáticas con La Habana. En 1962, las restricciones se ampliaron hasta convertirse en una medida “plena”.
“Desde entonces, ha restringido el acceso a combustible e importaciones básicas, con efectos profundos sobre el desarrollo económico cubano, tanto agravando su fragilidad energética como debilitando el abastecimiento de alimentos”, reflexionó la socióloga Aya Jebari Laakel, en una columna de opinión en TRT Español.
Fidel y la CIA
El enfrentamiento alcanzó uno de sus momentos más críticos en 1961, cuando, según informes, la CIA creó un grupo especial para entrenar y equipar a cubanos que se oponían al Gobierno de Castro.
El plan, respaldado por EE.UU. con la intención de quitar a Castro del poder, desembocó en la fallida invasión de Bahía de Cochinos, el 17 de abril de ese año. Cerca de 1.500 exiliados desembarcaron en Playa Girón, en la costa sur de Matanzas, pero la operación fracasó en menos de 72 horas, con más de un centenar de muertos y unos 1.100 detenidos.
La operación intensificó la hostilidad entre La Habana y Washington, y aceleró el acercamiento de Castro a la Unión Soviética, colocando a Cuba en el centro de las tensiones de la Guerra Fría.
En ese contexto, al año siguiente, el líder soviético Nikita Khrushchev accedió a instalar misiles nucleares en Cuba e impulsó la construcción de las instalaciones, según informes.
Washington respondió con un bloqueo militar para impedir la llegada de más misiles y exigió el desmantelamiento de los ya desplegados. Tras un tenso enfrentamiento, Khrushchev accedió a retirarlos. El episodio marcó uno de los momentos en que la Guerra Fría estuvo más cerca de convertirse en un conflicto nuclear a gran escala, según analistas e historiadores.
Apostar por el Sur Global y la medicina
Al finalizar la Guerra Fría, Cuba perdió a su principal aliado y benefactor: la Unión Soviética. Muchos esperaban que la isla colapsara durante el llamado “período especial”, tras perder subsidios provenientes de ese país, que algunas estimaciones situaban en 4.300 millones de dólares.
El Gobierno de Castro resistió gracias a que profundizó sus vínculos con el Sur Global, convirtiendo a la salud uno de sus principales ejes. Desde el inicio de la Revolución, La Habana presentó a la salud como un derecho humano fundamental y, con el tiempo, convirtió la cooperación médica en una herramienta de influencia y prestigio diplomático.
Ya en 1960, Cuba había enviado su primera brigada médica internacional a Chile tras un terremoto, en lo que el gobierno describió como su primera experiencia de “internacionalismo sanitario” después de la Revolución. En África, La Habana también apoyó al Frente de Liberación Nacional de Argelia en su lucha contra el dominio colonial francés, con asistencia militar y médica. Además, envió ayuda sanitaria durante las décadas de 1960 y 1970 a Guinea-Bissau y Angola, donde respaldó a movimientos de liberación.
Con el tiempo, Castro estrechó sus vínculos con América Latina. En 1999, Cuba firmó con Venezuela un acuerdo de “petróleo por médicos”, una alianza que se profundizó bajo el gobierno del fallecido expresidente Hugo Chávez, y proporcionó a la isla un importante respaldo económico durante el bloqueo.
Palestina: una causa que vincula todas las luchas
Bajo el liderazgo de Castro, la solidaridad con Palestina se convirtió en otra expresión de la política exterior cubana. La Habana ya había rechazado la partición de Palestina antes de la Revolución cubana. En 1947, Cuba fue el único país latinoamericano entre los 13 Estados que votaron en contra de la Resolución 181 de la Asamblea General de la ONU.
En 1979, Castro reafirmó esa posición ante la Asamblea General, donde condenó la persecución del pueblo palestino y expresó su respaldo a su causa.
“Repudiamos con todas nuestras fuerzas la despiadada persecución y el genocidio que en su tiempo desató el nazismo contra el pueblo hebreo. Pero no puedo recordar nada más parecido en nuestra historia contemporánea que el desalojo, persecución y genocidio que hoy realizan el imperialismo y el sionismo contra el pueblo palestino. Despojados de sus tierras, expulsados de su propia patria, dispersados por el mundo, perseguidos y asesinados, los heroicos palestinos constituyen un ejemplo impresionante de abnegación y patriotismo, y son el símbolo vivo del crimen más grande de nuestra época”, destacó.
La política cubana también se tradujo en acciones: el gobierno ofreció entrenamiento a movimientos palestinos y apoyó su educación y salud. De hecho, desde 1974, ha otorgado becas a estudiantes palestinos, muchos de ellos para formarse en medicina. Décadas después, en 1999, Cuba profundizó esa política con la inauguración de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), que ofrece formación médica gratuita a estudiantes de distintos países como parte de su política de solidaridad internacional.
Cuba hoy
A 100 años de su nacimiento, y aunque ha recibido numerosas críticas a lo largo de los años, su legado sigue definiendo a Cuba y proyectándose sobre el Sur Global.
Durante su liderazgo, Castro, hizo de la soberanía de los pueblos una de las “banderas centrales” de su pensamiento político y sobrevivió a 10 presidentes de Estados Unidos. En esos años, se informó que la CIA llegó a registrar 638 intentos de atentado contra su vida.
Hoy, bajo la presión y el bloqueo petrolero de Estados Unidos, expertos señalan que Cuba se acerca a un “colapso en cadena” que afecta a los sistemas energético, alimentario y de servicios públicos. Los cortes de electricidad también han interrumpido los sistemas que permiten a la población alimentarse.
Los sistemas alimentarios modernos dependen de la energía: la electricidad permite refrigerar y almacenar alimentos, mientras que el combustible sostiene la siembra, la cosecha y el transporte. En esta línea, según el analista Logan Mcmillen “ahora se intenta someter al pueblo cubano al hambre, atacando la capacidad del país para cultivar, procesar e importar alimentos, a menos que compre a corporaciones estadounidenses”.
Ante ese escenario, parecen resonar las palabras de Castro sobre el pueblo cubano en 2004: “Un pueblo digno y altivo que ha resistido 45 años la hostilidad, el bloqueo y las agresiones de la potencia más poderosa de la Tierra; ninguna fuerza del mundo podría arrastrarlo como un rebaño, atado cada uno de ellos con una cuerda en el cuello”.



















