Petróleo en el Amazonas, sangre negra

El Lote 192 es una extensión de selva amazónica en el norte de Perú. Es el mayor yacimiento petrolero del país y desde 1970 escenario de una tragedia humana y medioambiental.

Más de 2.000 sitios fueron contaminados en los últimos 70 años por compañías petroleras en la Amazonía del norte en Perú. / Foto: Getty Images
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Más de 2.000 sitios fueron contaminados en los últimos 70 años por compañías petroleras en la Amazonía del norte en Perú. / Foto: Getty Images

“El Lote 192 se ubica en el distrito de Andoas, provincia de Datem del Marañón, distritos de Tigre y Trompeteros en la provincia de Loreto, de la región Loreto. Tiene una extensión de 512.347,241 hectáreas que incluye el actual lote 1AB e incorpora áreas adicionales para la exploración. En este lote se identificó la presencia de los pueblos Achuar, Kichwa y Quechua de las cuencas de los ríos Pastaza, Corrientes y Tigre en 26 localidades”: así lo describe el texto de una consulta previa del Gobierno peruano con las comunidades indígenas que viven en él. Esta consulta se inició en 2019 y se extendió hasta el 2021, antes de la concesión de este lote a la compañía estatal Petroperú.

Petroperú firmó el contrato de explotación el 28 de febrero de 2023 con una duración de 30 años. Tan solo dos meses después de su firma la plataforma PUINAMUDT, que reúne a cinco federaciones de más de noventa comunidades indígenas, denunció un nuevo derrame que ha contaminado hasta 17 kilómetros y llegado al río Tigre.

El río Tigre es la fuente principal de agua potable y una de las principales fuentes de alimentación de la comunidad Kichwa 12 de Octubre. Los vertidos y pasivos del petróleo en la Amazonía no son solo un desastre medioambiental, sino también una tragedia humana.

Este vertido se suma a los más de 2000 sitios, recogidos en un informe de OXFAM, contaminados en los últimos 70 años por diferentes compañías petroleras en la Amazonía del norte en Perú.

Petróleo por encima de todo

Esta situación no es única en Perú, se repite en también en la Amazonía de Colombia, Ecuador y Bolivia.

La comunidad Kichwa de la Amazonía ecuatoriana tiene un fantasma similar en la plataforma petrolera Guanta 1. Esta plataforma fue abierta en 1985 y durante más de treinta años fue operada por la compañía estadounidense Texaco.

Las acusaciones contra esta compañía por derrames de petróleo y diésel, de contaminación de fuentes de agua, de creación de piscinas de crudo, incluso por la muerte de un niño, se repiten desde entonces.

En toda la Amazonía de estos cuatro países podemos encontrar casos similares. Y no es de extrañar. El Lote 192, por ejemplo, cuenta con reservas probadas de más de 130 millones de barriles para los próximos 20 años. Actualmente, esta operación produce alrededor del 17% del petróleo en el Perú.

Laura de Luis, de la ONG Survival International, explica a TRT Español que “la industria de hidrocarburos es una de las más poderosas del mundo”. Esto se traduce en un lobby muy influyente para continuar con las explotaciones, a pesar de la evidente tragedia humana.

El beneficio entre 2001 y 2015 por el Lote 192 para el Gobierno de Perú fue de 1964 millones de dólares. Esta cantidad supone solo el 30 por ciento de los ingresos de las ventas del petróleo extraído del Lote 192. La cantidad total obtenida por la venta de crudo fue de 6550 millones de dólares. La empresa explotadora entre 2001 y 2015, PlusPetrol, realizó una inversión total de 680 millones de dólares.

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La empresa Petroperú firmó el contrato de explotación del Lote 192 con una duración de 30 años. (GETTY IMAGES)

Según el estudio La sombra del petróleo, realizado por OXFAM junto a otras organizaciones, entre el 2009 y el 2019 los lotes petroleros de la Amazonía y el Oleoducto Norperuano han sido fuente de 474 vertidos, dejando serios impactos ambientales que suman más de 2.000 sitios contaminados identificados en territorio de la Amazonía Norte.

El medio especializado en periodismo medioambiental en Sudamérica, Mongabay, ha realizado una investigación, Manchados por el petróleo, en la cual determina cuántas sanciones han impuesto los gobiernos por estos derrames.Entre el 2011 y el 2021 los gobiernos de estos países impusieron 282 procesos sancionadores a 72 petroleras diferentes.

De vuelta a Lote 192, en Perú, que solo en esta área y causados por una sola compañía, hubo más de 474 derrames entre 2009 y 2019. Los procesos sancionadores son escasos y poco cuantiosos. Como dice el Relator Especial de la ONU sobre Sustancias Tóxicas y Derechos Humanos, Marco Orellana, “si las multas son muy bajas simplemente se transforman en un coste del negocio”.

Y si los Estados imponen cuantías más elevadas, como en el caso de Pluspetrol en el Lote 192, estás se declaran en liquidación para no hacer frente ni a sus obligaciones económicas ni a su responsabilidad humana y medio ambiental.

Ricardo Pérez Bailón, de la ONG Amazon Watch, expone a TRT Español que “hay un patrón sistemático de falta de investigación y seguimiento riguroso sobre las causas e impactos de los derrames de hidrocarburos, prácticamente no hay casos de obras de reparación que realmente restablezcan los derechos de los afectados”.

Consecuencias de los derrames

Laura de Luis explica en conversación con TRT que “los pasivos y derrames petroleros tienen impactos devastadores a largo plazo sobre los ecosistemas y sobre la salud y supervivencia de los pueblos indígenas que sufren sus consecuencias. Contaminan las aguas y anegan el suelo y el subsuelo de los bosques, que son su hogar, con elevadas concentraciones de metales pesados como el mercurio o el plomo: envenenan las plantas y los peces y destruyen toda la cadena alimentaria de la región”.

Un estudio realizado por Cristina O'Callaghan para el Instituto de Salud Global (ISG) ha demostrado que las comunidades indígenas de la Amazonía peruana que viven cerca de puntos de extracción de petróleo tiene elevadas concentraciones en la orina de metales pesados como mercurio, arsénico y cadmio. Según el estudio, esto se debe a que están expuestas a lugares contaminados por el petróleo.

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Los derrames tienen impactos devastadores en los ecosistemas y en la salud de los pueblos indígenas. (REUTERS/Antonio Escalante)

Las consecuencias de la exposición a estos metales pesados son fatídicas. Como menciona el mismo estudio, “el arsénico y el cadmio son carcinógenos. La exposición al arsénico puede causar cáncer de pulmón, vejiga, piel, hígado y riñón. Y la exposición al cadmio, cáncer de pulmón, próstata y riñón”.

La exposición a estos metales puede tener otras consecuencias graves como lesiones cutáneas, daños hepáticos y renales, retrasos en el desarrollo infantil, problemas respiratorios, enfermedades renales, problemas reproductivos, enfermedades cardiovasculares, y daños neurológicos, entre muchos otros.

La alta concentración de estos metales en las poblaciones que viven cerca de explotaciones petroleras se debe a actividades cotidianas y necesarias como beber agua de pozo, comer alimentos de la huerta o bañarse en el río.

Ricardo Pérez añade que “los estudios indican que los derrames de petróleo que ocurren en las selvas tropicales, como la Amazonía, conducen a una reducción de alrededor del 60 % en la seguridad alimentaria de las familias afectadas y una reducción de hasta un 36 % en el contenido de ácido ascórbico de las verduras y hasta un 40 % en el contenido de proteína cruda de la yuca. Además, los derrames pueden reducir el rendimiento de los cultivos en tierras contaminadas. La contaminación de las fuentes de agua pone en peligro el acceso al agua, que es un elemento fundamental del derecho a la alimentación”.

Peligro de genocidio

Las trágicas consecuencias de los vertidos de petróleo en la selva amazónica lo son aún más si tenemos en cuenta un efecto colateral de las explotaciones petroleras.

En la selva amazónica, en la frontera entre Perú, Brasil y Bolivia viven comunidades indígenas no contactadas. Su aislamiento es voluntario, tal y como ellos mismos han mostrado. Según Laura de Luis, “en el caso de pueblos indígenas no contactados, donde no es posible la consulta, se debe priorizar su derecho a vivir en sus territorios como ellos elijan, y la presencia de petroleras supone una amenaza para su misma existencia”.

Esto no es una exageración y ha pasado anteriormente. “El contacto con estos pueblos es sumamente peligroso, ya que no tienen inmunidad frente a enfermedades comunes como la gripe o el sarampión, y puede conllevar su exterminio: en los años 80 una prospección de Shell provocó el contacto con los Nahuas y en cuestión de unos pocos años un 50% de ellos había muerto”, apunta Laura.

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Pescador se desplaza en una canoa por un río en el Parque Nacional Manu, Perú.  (GETTY IMAGES)

Las exploraciones de las compañías petroleras abren camino en partes vírgenes de la selva, donde se mueven y viven estás comunidades. Según Laura “Estos caminos son utilizados luego por madereros ilegales o mafias de narcotráfico”. Aunque las petroleras fueran absolutamente respetuosas y cuidadosas, este tipo de riesgos no se pueden controlar.

Seres humanos y medioambiente o petróleo

"Para países con materias primas como el petróleo, siempre es un desafío construir instituciones fuertes y con la capacidad suficiente para que los responsables de los derrames de petróleo asuman todas sus responsabilidades en términos de reparación de las víctimas y reparación de los daños a la naturaleza”, afirma Ricardo Pérez.

A pesar de los muchos riesgos producidos por la extracción petrolífera, el petróleo sigue siendo una de las fuentes de financiación más importante en muchos países en vías de desarrollo.

El informe de OXFAM ofrece recomendaciones al respecto. Entre ellas afirma que “además de la zonificación de la extracción petrolera y de la mejora de su regulación y fiscalización, es necesario y urgente comenzar a tomar pasos —y de manera acelerada— hacia un profundo cambio en la producción y el consumo energético”.

Muchos de los vertidos se producen porque la infraestructura y los métodos de extracción son viejos. Hugo Carijano Tapuy, morador de la comunidad 12 de Octubre mencionada al principio, asegura que el derrame se produjo “porque los tubos son viejos, corroídos, el petróleo se ha caído y está llegando a la quebrada, muy cerca del Río Tigris, lo que es muy peligroso. Todas las empresas que han operado no se han preocupado por el mantenimiento”.

El informe de OXFAM también recomienda instituciones y un marco legal más robusto, una mayor implicación de los Estados a través de los organismos medioambientales y mayor ímpetu sancionador a las compañías que incumplen la regulación.

La corrupción, las puertas giratorias y una visión cortoplacista son otras de las causas que se mencionan de la situación actual. En contra de esto proponen transparencia y coordinación de la información entre agencias estatales, compañías privadas y observadores medioambientales para tener clara la situación; implicar y escuchar a las comunidades indígenas y respetar sus derechos y una política clara por parte del Gobierno.

Existen organizaciones de comunidades indígenas, como PUINAMUDT en Perú o UDAPT en Ecuador, que han realizado acciones en el pasado y obligado a cambiar el rumbo de políticas o a tomar responsabilidad a compañías petroleras o al Estado.

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Sitio de extracción de petróleo en el Parque Nacional Yasuní, la selva amazónica, Ecuador. (GETTY IMAGES)

“A nivel nacional, en Perú los pueblos Kichwa, Quechua, Achuaro Urarina entre otros, así como las organizaciones indígenas AIDESEP y ORPIO trabajan para que el Estado y las empresas asuman las responsabilidades de los nefastos impactos de las petroleras en los pueblos indígenas y sus entornos, y exigiendo el cumplimiento de sus derechos territoriales. También luchan contra el genocidio de los más de 20 pueblos indígenas en situación de aislamiento y contacto inicial (PIACI) que habitan en la selva peruana, como los Kakataibos, Isconahuas, Matsigenkas, Mashco-piros, Mastanahuas, Murunahuas, Nantis y Yoras”, nos transmite Laura de Luis.

También cita a las organizaciones en Ecuador, como que CONFENIAE luchan desde hace tiempo para salvar al Yasuní de la explotación petrolera. El Parque Nacional del Yasuní es el hogar de los pueblos indígenas Waorani y Kichwa, y de los Tagaeri, Taromenane y Dugakaeri no contactados.

Organizaciones como Survival International o Amazon Watch colaboran continuamente con estas organizaciones y les ayudan a llevar a cabo acciones decisivas así. También actúan como observadores y les ayudan a transmitir su lucha internacionalmente.

Si bien las explotaciones petroleras del Amazonas -y de cualquier otro lugar del mundo- van a continuar mientras la sociedad dependa de este combustible fósil, luchar y apoyar a organizaciones que se esfuerzan para que estas sucedan de la forma más respetuosa con el medio y todos sus habitantes es de vital importancia.

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