La muerte de Raisi puede desatar luchas de poderes en Irán, dicen expertos

Reemplazar al presidente Ebrahim Raisi, un aliado de confianza del líder supremo Ali Jamenei, puede representar todo un desafío.

Se han planeado múltiples ceremonias fúnebres en todo Irán para el presidente Raisi y otros funcionarios. / Foto: Reuters
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Se han planeado múltiples ceremonias fúnebres en todo Irán para el presidente Raisi y otros funcionarios. / Foto: Reuters

Se han planeado varias ceremonias fúnebres en todo Irán para honrar al presidente Raisi y a otros funcionarios que murieron en un accidente de helicóptero. / Foto: Reuters

Después de que se confirmara la muerte de Ebrahim Raisi, presidente de Irán, en un accidente de helicóptero, las especulaciones sobre el futuro político de la república islámica se han extendido como pólvora.

La Constitución de Irán establece que en caso de muerte de un presidente en funciones, el primer vicepresidente asumirá la presidencia por un período interino, siempre y cuando tenga la confirmación de parte del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei.

En este caso, Mohammad Mojber tendrá responsabilidades de presidente hasta que se celebren elecciones anticipadas dentro del plazo de 50 días.

Ahora bien, el período previo a las elecciones y lo que ocurre después genera ansiedad entre los ciudadanos iraníes, muchos de los cuales expresaron su desconfianza en la democracia del país cuando decidieron abstenerse de votar en grandes cantidades durante las últimas elecciones.

Encontrar al sucesor de Raisi, un colaborador muy cercano de Jamenei, puede resultar más difícil de lo que parece, pues el mandatario fallecido era conocido por ser un burócrata dócil y discreto que actuaba como un visir tras bambalinas, explicó Adem Yilmaz, investigador del Instituto Nacional de Lenguas y Civilizaciones Orientales (INALCO) en París.

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Organigrama de cómo funciona el sistema político en Irán. (TRT Español)

¿Quién es más obediente?

Los conservadores consideraban que Raisi, de línea dura, era el mejor candidato para gobernar el país. También lo veían como el sucesor de Jamenei, quien cumplió 85 años el mes pasado.

En Irán, el ayatolá ejerce pleno poder sobre el Estado, mientras que el presidente es apenas la cara del gobierno. Es en lo más alto donde ocurrirá la gran lucha por el poder.

Además de Raisi, la otra persona en la fila para asumir el codiciado título de líder supremo es el hijo de Jamenei, Mojtaba.

Pero Mojtaba no tiene un camino fácil. Los iraníes, que se levantaron contra la monarquía en los años 1970, se oponen a las transiciones dinásticas.

"La gente se preguntará: derrocamos al sultanato, derrocamos a la dinastía (Pahlavi), ¿seremos testigos ahora del establecimiento de una nueva dinastía o sultanato?", señala Turgay Safak, director del Centro de Estudios Iraníes (IRAM) con sede en Estambul.

“Si Mojtaba asumiera el liderazgo, sin duda enfrentaría una importante oposición pública. Para reforzar la legitimidad, podría adoptar medidas proactivas, especialmente en el ámbito social, para cultivar la confianza pública”, dice Safak a TRT World.

Pero el tiempo y las circunstancias han estado del lado de Mojtaba.

Alam Saleh, profesor de Política y Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Australia (ANU), destaca que Mojtaba se ha entrenado y ha aprendido de su padre durante mucho tiempo.

“Sobre él hay una profunda confianza y tiene acceso a toda la información necesaria, algo que con lo que ni siquiera el presidente Raisi habría contado. Esto lo pone en una posición muy sólida para postularse a un papel tan vital e importante en el futuro”, explica Saleh a TRT World.

Al igual que Raisi, de quien se esperaba que se postulara para un segundo mandato, el propio hijo de Jamenei podría tener que atravesar un camino difícil mientras diferentes actores estatales, incluidos los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), luchan por la influencia.

El papel de la Guardia Revolucionaria

El poderoso Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC), que le obedece a Jamenei, ha estado en una lucha constante con otras ramas del gobierno para ejercer un mayor control sobre el país, dicen los expertos.

El reciente ataque sin precedentes contra Israel refleja la creciente influencia del IRGC. También intentará influir en quién será nominado para las elecciones presidenciales.

"En gran parte debido a su control sobre la economía, el IRGC se erige como la fuerza dominante en Irán, tanto económica como políticamente, al tiempo que mantiene una fuerte presencia en las operaciones en el extranjero", dice Safak.

El cuerpo militar ciertamente tendrá voz en la selección de un nuevo presidente, si es que no lo designa abierta y directamente.

Alam Saleh, de la ANU, dice que el IRGC seguirá manteniendo su influencia, siempre que el próximo presidente no intente alterar ese equilibrio de poder.

Sin fe en la democracia

En 2021, Raisi ganó las elecciones presidenciales tras la decisión del Consejo de Guardianes del país, institución responsable de evaluar a los candidatos, de descalificar a 32 políticos para presentarse a las elecciones.

La mayoría de ellos eran líderes reformistas y moderados.

“En las elecciones presidenciales anteriores, se creó un entorno que garantizaba la victoria de Raisi”, dice Safak.

Incluso si la oficina del presidente tiene un valor simbólico en Irán, el puesto debe designarse mediante elecciones.

Un indicio de ese sentimiento son las elecciones parlamentarias realizadas en marzo, las cuales tuvieron una baja participación pues muchos votantes boicotearon las urnas para expresar su rechazo al asesinato de Masha Amini, la mujer que murió bajo custodia policial en 2022.

La participación electoral, de sólo el 41%, fue la más baja desde la revolución de 1979.

"Esto demuestra que la gente ya no tiene fe en las elecciones en Irán", afirma Safak.

Alam Saleh también anticipa que la participación volverá a ser baja y, como resultado, las políticas internas y externas de Irán no cambiarán significativamente.

Los expertos dicen que hay pocas dudas de que el próximo presidente será elegido entre los conservadores, pero también existen divisiones dentro de las facciones de línea dura.

"Si hay posibilidades para candidatos reformistas, aunque no les damos mucho crédito, la aparición de figuras más moderadas y flexibles podría estimular la participación (en las elecciones) hasta cierto punto", añade Safak.


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