Anuar Khalifi, un pintor entre dos aguas

El pintor marroquí, nacido en España, crea retratos con estilo neoimpresionista de personajes que están entre dos lugares, física y espiritualmente. Sus obras han sido adquiridas por el MACAAL, de Marrakech y la Sharjah Art Foundation, entre otros.

Anuar Khalifi es un pintor figurativo marroquí. Nació en Lloret de Mar en 1977. Foto cortesía de Jordi Esgleas Marroi.
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Anuar Khalifi es un pintor figurativo marroquí. Nació en Lloret de Mar en 1977. Foto cortesía de Jordi Esgleas Marroi.

Lo primero que sorprende cuando te encuentras con Anuar Khalifi (Lloret de Mar, 1977) por primera vez es que es un hombre grande.

Es alto -mide 1,90m- y tiene unos hombros anchos. Sorprende porque quien no conozca sus primeros trabajos percibirá en muchas de sus pinturas delicadeza e intimidad.

Lo segundo que llama la atención es su pelo largo, rizado y gris, que enmarca un rostro ovalado con ojos pequeños y oscuros. Unos ojos que brillan y que parecen captar más de lo que ven.

El conjunto de su figura, vestido con una camisa de tejido sirsaca rosa palo, unos pantalones azul oscuro, anchos y de algodón fino, y unas babuchas amarillas, es elegante pero relajado.

Anuar nos saluda y nos invita a pasar a su estudio, donde también vive. Es un loft amplio, en la esquina de un cuarto piso. Tiene unos grandes ventanales de cristal que cubren el ala izquierda y la pared que está frente a nosotros al entrar. Los ventanales están orientados hacia el este, lo que en Barcelona significa que el sol entra a raudales por la mañana.

Son las seis de la tarde, y a pesar de que los rayos de sol no inciden directamente, hay mucha luz.

Al entrar, a nuestra izquierda, nos recibe un cuadro apoyado en otros cuadros de dimensiones acordes a su pintor.

A Anuar le gusta pintar cuadros grandes. Dice que sus personajes necesitan espacio. Poco después, y también a nuestra izquierda, vemos su zona de trabajo.

Hay tres lienzos, de aproximadamente 1,80m por 1,40m, grapados a la pared. Un tríptico, nos dice su autor.

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"Floor Seats" (2024), del artista Anuar Khalifi. Fotos cortesía del autor.

El primer lienzo es un jarrón rojo, con flores, sobre un fondo rojo. En el jarrón hay unos crípticos números en blanco.

El segundo lienzo es un hombre, vestido con pantalón negro y camisa beis, sobre un fondo azul y verde. Tiene rasgos del norte de África, aunque podría ser de Extremadura. Está sentado en cuclillas, pero parece que se estuviera levantando.

El tercer lienzo es una silla de plástico azul, de las de bar de carretera, vacía y casi suspendida en un fondo verde oscuro. Por encima de la silla se intuye una palabra inacabada.

Desde la zona de trabajo vemos el salón, que está separado por una línea divisoria de muebles antiguos a media altura y objetos de toda índole.

Unos remos con clavos, unos cubos de plástico pintados, muchas plantas colgantes y en el suelo, una estantería con libros. El salón, enmarcado por tres largos sillones, está cubierto por una alfombra marroquí con un degradado azul.

Al fondo vemos su cama, junto a la ventana, y a nuestra derecha una máquina expendedora de tabaco de los años 50, máscaras africanas, cuadros colgados en la pared y la cocina pequeña y desordenada.

Describir el espacio donde Anuar vive y trabaja es difícil, en cualquier dirección en la que mires hay algún objeto que llama la atención.

Una mesa con dos platos para pinchar música y una impresionante colección de vinilos -restos del pasado como disyóquey del artista y testamento de su amor por la música-, botes de grafitis vacíos y reutilizados, cuadros, mesas marroquíes de latón troquelado. Podría parecer caótico, pero todo está en su sitio.

Dreamers of the Day, 2012

Anuar nació en Lloret de Mar en 1977. Sus padres son de origen marroquí y tenían varios negocios en este pueblo costero, el Benidorm de la Costa Brava, como él lo llama.

Su infancia transcurrió entre la escuela, la playa, los viajes a Marruecos para ver a la familia y los veranos durante los que Lloret de Mar pasaba de 40.000 a 400.000 habitantes.

“La gente suele tener la necesidad de viajar para encontrarse a sí mismos. Yo esa experiencia la viví mientras crecía. Cada viaje de ida y vuelta a Marruecos era un cuestionamiento de mi identidad, tanto cuando iba como cuando volvía”.

“El contraste entre Marruecos y Lloret, especialmente cuando Lloret estaba lleno de turistas de toda Europa que venían de vacaciones y a salir de fiesta, era muy fuerte”, comenta.

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Anuar Khalifi, pinturas en exhibición de arte. Fotos cortesía de The Third Line.

Anuar nos ha preparado un té verde marroquí y se sienta en uno de los sofás, que se hacen pequeños con él.

Saca un paquete de tabaco y se lía un cigarrillo que enciende mientras habla. Es un conversador nato, aunque como a casi todos los pintores, no le gusta hablar de su trabajo.

“Soy un pintor autodidacta. Cuando era joven tenía una tienda de ropa y pinchaba en el chiringuito de un amigo en Lloret. También empecé a pinchar en otros sitios. Pero siempre he dibujado, desde pequeño. En mi tienda vendía una marca de ropa con diseños propios”.

Anuar coge un pequeño quemador de incienso y saca una bolsa con trozos de Oud (madera de agar). Enciende un carboncillo con el mechero y pone un pedazo de madera encima.

Cuando esta ha empezado a quemar y producir humo, cierra el quemador y lo deja sobre la mesa. El olor del Oud, que es denso, dulce, con un toque animal y a selva, se mezcla con el del tabaco.

“Mi padre murió cuando tenía 27 años. Mis padres se habían vuelto a vivir a Marruecos, a Tánger, pero yo iba y venía. Cuando mi padre murió me quedé en Marruecos. Estuve diez años allí, aunque también iba a Lloret. No fue fácil. Fue allí donde empecé a pintar. Quería saber quién era”.

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Los cuadros de Anuar Khalifi hacen referencia a la cultura moderna, al hip-hop y la cultura árabe. (Créditos: Jordi Esgleas Marroi)

Entre el 2012 y el 2017 Anuar participa en varias exposiciones grupales y un par en solitario. Casi todas en Marruecos y alguna en Barcelona. Su obra inicial es una mezcla de estilos y medios. Hay mucha fuerza y mucha rabia. Pero también mucha delicadeza.

El cuadro ‘Dreamers of the day” (2012)’ muestra a un niño con una expresión decidida e inocente montando a un tigre. Desde una esquina le observa un fantasma, en la otra una ventana se abre a un cielo azul.

Los cuadros de Anuar combinan referencias a la cultura moderna, al hip-hop y a eventos importantes con referencias a la cultura árabe. Las obras de sus primeros años muestran personajes que se mueven muy rápido, que luchan, que se encuentran entre dos mundos.

También hay mucha sátira. El libro de dibujos ‘Sorry, I was young and dumb’ (Lo siento, era joven y estupido) (2014) es una ácida crítica social.

Esto contrasta con el Anuar actual. Parece tranquilo, como si hubiese dejado de afectarle tanto lo que pasa fuera y se sintiera cómodo donde está.

“La sociedad actual es difícil. Nada tiene significado. Trabajas, sales de fiesta, consumes, te consumes, ¿para qué? Supongo que quise encontrar ese significado en Marruecos. Pero en aquel momento no fui capaz”.

The Wounded Raver, 2021

El ravero herido (The Wounded Raver, 2021) muestra a un hombre joven con el pelo teñido de rubio, una camiseta de fútbol y los pies verdes acarreado por dos figuras vestidas de azul, con babuchas amarillas y altos gorros de derviche -a ninguno se le ven los ojos- sobre un fondo verde. El artista comenta que está inspirado por un cuadro de Goya, El albañil herido.

En el cuadro de Goya el albañil ha caído desde lo alto de un andamio y lo llevan dos compañeros. En este caso, parece que el raver se hubiera caído del mundo.

“Es un cuadro con referencias autobiográficas. Casi todos lo son. Cuando pinto estoy intentando resolver una imagen, el cuadro sale de dentro hacia afuera. He sido un participante pleno de la vida moderna. No me arrepiento, me ha llevado a donde estoy. Pero deja secuelas. En el cuadro de Goya el personaje se ha caído desde lo alto de un andamio. En el mío la caída es interna”.

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A la izquierda, ‘Dreamers of the day” (2012). A la derecha, "El ravero herido" (The Wounded Raver, 2021). Fotos cortesía del autor.

En el 2014 estrena su primera exposición importante solo, Désorienté (Desorientado), en Casablanca y que repite en Barcelona en el 2015. El cartel de la exposición es uno de los lienzos de un tríptico, una naturaleza muerta de una habitación casi sin sombra ni perspectiva.

Hay una estantería con vinilos, un retrato de Ibn Arabi -el maestro sufí andaluz-, un póster de Mike Tyson, la foto de un avión derribado por unos afganos, una máscara africana, un jarrón con flores, un remo con clavos, una planta y la portada del disco de Mos Def The Ecstatic.

“Dicen que mis cuadros desafían el orientalismo, que hablan de la identidad del sur global, del anticolonialismo, de la diáspora y del consumismo. Yo creo que hago retratos de personajes que son emigrantes del mundo moderno”.

En Désorienté las pinturas están muy cargadas de información. En algunos cuadros hay muchas figuras, algunas humanas y otras no tanto, y muchos objetos.

Los trazos son enérgicos, poco definidos y de muchos colores. Hay animales sin cabeza, pero sin sangre. Un hombre afroamericano tomando café sobre un paisaje de barrio deconstruido. Una pelea callejera sobre un manto de rosas. Hay símbolos que se repiten, un tigre, un gato, un derviche, una copa doblada. Muchos cuadros parecen collages.

Cuando Anuar preparó esta exposición no vivía ni en Barcelona ni en Tánger, o vivía en los dos sitios.

“Después de 10 años en Marruecos volví a Barcelona. Para mi trabajo tengo que verme desde los dos sitios. Es posible que viniera a Barcelona un poco decepcionado por no haber encontrado en Marruecos el significado que buscaba. Pero tampoco lo encontré aquí. Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba buscando en el sitio equivocado”.

Istiqama, 2019

En Istiqama vemos un hombre de color con un jersey de fútbol azul y negro en el que está escrita la palabra ‘forever’. La figura se encuentra de pie en el extremo de una canoa verde, en el otro hay un ramo de flores. El fondo es un mar abstracto, todo azul y negro.

“En árabe hay un dicho ‘al-maani qabla al-mabani’ que quiere decir ‘el significado antes que la forma’. En un momento tuve que parar y reevaluar todo lo que estaba haciendo. Mi vida y mi trabajo. Siempre he tenido la sensación de que iba a algún sitio, pero no tenía muy claro dónde. Fue entonces cuando volví a mirar a mi tradición, tanto la marroquí como la occidental, y empecé a ver el significado de las formas”.

En una mesa junto a la máquina de tabaco de los años 50 hay una pila de libros. Eumeswil, de Ernst Junger; Sounds of Eternity de Ivan Agueli; El Diwan, de Shaij Muhammad ibn al-Habib, Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovski y Travelling Home, de Abdal Hakim Murad.

En 2018 estrena la exposición Dust, Roses and Cockroaches (Polvo, rosas y cucarachas). Uno de los cuadros principales es Fana, una palmera ardiendo. La palmera arde, pero arde desde dentro hacia afuera y solo por las ramas.

El cuadro Roses and Cockroaches presenta a un joven con el pelo amarillo y un chándal de fútbol en un salón marroquí. El diván y la alfombra tienen diseños elaborados. La pincelada se nota más fina, más segura. La expresión del sujeto es decidida, entre relajada y desafiante. Este cuadro fue adquirido por el MACAAL, el Museo de Arte Contemporáneo Africano de Marrakech.

“Creo que mis personajes están entre dos aguas, tanto en lo externo como en lo interno. Están entre Oriente y Occidente y entre lo material y lo espiritual, sin una clara división de dónde empieza lo uno y acaba lo otro”.

Para cuando Anuar estrena la exposición Forever is a current event (Lo eterno está pasando ahora) en el 2019, el estilo de su madurez como pintor está mucho más definido. La mayoría de los cuadros son retratos imaginarios que representan sujetos rodeados de símbolos con referencias a las dos orillas del Mediterráneo.

En Al Hadid un individuo de color vestido con chilaba, capa y babuchas amarillas lleva un pequeño bolso de hombre y está sentado, desafiante pero calmado, sobre un Mercedes blanco en el desierto. El cuadro Istiqama, que significa rectitud en árabe, también es parte de esta exposición.

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"Mirror Ball", pinturas en exhibición de Anuar Khalifi. Fotos cortesía de The Third Line.

Smellfie, 2021 y 2023

Smellfie es el nombre de un autorretrato que el artista ha realizado dos veces. En ambos mira al frente y está en una posición en la que está oliendo su muñeca, un gesto típico de quien se acaba de aplicar perfume.

En el primero viste una túnica blanca, un fez y lleva gafas de sol. En el segundo viste traje negro, camisa blanca y lleva un gorro de lana negro sin alas, similar al que usaba el difunto Hasan II rey de Marruecos, y padre del actual rey Mohamed VI.

Mientras seguimos hablando Anuar se levanta y saca un pequeño bote de un cajón. Es un bote de cristal cilíndrico, de unos tres centímetros y un tapón dorado. Dentro se aprecia una sustancia oleosa de color oscuro.

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Pinturas de Anuar Khalifi. "Smellfie", 2021 y 2023. Fotos cortesía de The Third Line.

Anuar se sienta y después de quitar el tapón extrae un palito de plástico al que la sustancia oleosa está adherida. Nos coge la mano y en la parte de atrás de la muñeca nos frota suavemente el palo para que el perfume se quede en nuestra piel. Es aceite de Oud.

El olor es intenso, recuerda un poco a un establo, pero sin el olor a amoníaco. No es desagradable, tiene un toque dulce. “Primero hay que dejar que pasen los caballos”, comenta el artista mientras se acerca la muñeca a la nariz. “Luego se abre y huele a selva, a madera, a ámbar y a almizcle”, añade.

La pasión que Anuar siente por los perfumes también la ha retratado en sus pinturas.

En Musk Carnation (2021) (Clavel almizclero), un joven de color vestido con una sencilla túnica blanca se aplica perfume en el cuello con una mirada complacida y decidida. Es una situación íntima. El fondo es verde y la cabeza del joven está sobre un cuadrado amarillo. A la izquierda, una mesa con un jarrón transparente y una solo flor y la mitad de un gato negro.

La última exposición del artista, Mirror Ball (Baile de espejos), en la galería The Third Line, en Dubai, es una muestra de la delicadeza, finura y energía que Anuar ha conseguido en su pincelada.

Las pinturas tienen solo la información necesaria, simple sin ser minimalista. No hay nada superfluo. Mirror Ball es también el nombre de un cuadro que forma parte de esta exposición. En él tres derviches vestidos de azul, con babuchas amarillas y un largo fez rojo danzan y forcejean formando un círculo suspendidos sobre un fondo azul. Recuerda a La Danza, de Matisse.

Aunque el repertorio de Anuar es amplio, son sus retratos los que lo han hecho famoso. “Mi pintura es figurativa. Hago retratos de personajes capturados en un momento. Todos vienen de algún sitio, saben donde van y están a punto de hacer algo”.

La pregunta que surge en la mente del espectador es de dónde vienen, a dónde van y qué van a hacer. Ellos lo saben.

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